Hacia dentro
El hombrecito comenzó a caerse
por su ombligo, en el pozo
donde su existencia auguró
la separación, en el oráculo
que lo unió a la verdad,
a ese sentido único
que hacia fuera
perdió una y otra vez:
el hombrecito se desliza,
apenas sobresalen las piernas
emergiendo de su panza
como en un parto
al revés.
Marcelo Fernández
jueves, 24 de mayo de 2007
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